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sábado, 17 de marzo de 2018

Sigamos nuestro camino de cuaresma queriendo sintonizar con el amor de Dios que se nos manifiesta tan palpablemente en el amor y la cercanía de Jesús


Sigamos nuestro camino de cuaresma queriendo sintonizar con el amor de Dios que se nos manifiesta tan palpablemente en el amor y la cercanía de Jesús

Jeremías 11, 18-20; Sal 7; Juan 7, 40-53

‘Jamás ha hablado nadie como ese hombre’. Son los sencillos los que lo reconocen. Mientras los que se creen entendidos, los poderosos andarán con sus discusiones, sus elucubraciones, sus interpretaciones interesadas porque ellos son los que saben, ellos son los que pueden, qué van decir esos incultos que no entienden nada. Que si el Mesías no sabemos de donde viene, que a éste lo conocen bien, que nunca ha salido un profeta de Galilea, veinte mil cosas que se dicen y se razonan para si mismos porque no quieren aceptar la realidad.
Nos pasa en la vida tantas veces. Nos creemos poseedores de la verdad que hacemos nuestra y buscaremos mil razonamientos para convencernos y para querer convencer a los demás; pero aquí es el bosque enmarañado de cosas y razonamientos interesados el que no nos deja ver al auténtico árbol.
Nos pasa en las apreciaciones que nos hacemos de los demás; nos pasa en la manera de entender las cosas y la solución de los problemas que no queremos dar razón nunca al que consideramos un contrincante; nos pasa en nuestros afanes de grandeza y de poder donde siempre queremos quitar de en medio a quien nos pudiera hacer sombra y quizá no permitirnos alcanzar aquel puesto o aquella ganancia en lo que estamos tan interesados.
Así andaban ofuscados la gente principal e influyente entre los judíos, a quienes molestaba aquel nuevo sentido de las cosas que Jesús venia a descubrirles. Pero a los sencillos que no andan tan interesados en la vida por sus influencias y ganancias, se les da despertado una esperanza con las palabras, los anuncios y los signos que Jesús va realizando que en verdad puede comenzar un mundo nuevo.
‘Jamás nadie ha hablado como este hombre’, razonarán aquellos que fueron enviados a prender a Jesús y que vuelven con las manos vacías. No habían podido prenderle, porque ellos eran los primeros que se sentían cautivados por las palabras y los gestos de Jesús aunque esto pudiera costarles el puesto. Estaban dispuestos a todo y por eso vuelven sin haber cumplido la misión que les habían confiado. Pero es que no había llegado la hora de Jesús.
Es el Dios que se revela a los pequeños y a los sencillos; es el Dios a quien podemos alcanzar solo desde los caminos de la humildad y del amor. Los signos de la presencia de Dios en el mundo solo los podrán sintonizar los que sepan sintonizar con el amor, los que sean sensibles en la vida para las cosas buenas, los que tienen generosidad en su corazón, los que caminan caminos de sencillez y de humildad, los que saben hacerse pequeños por el Reino de los cielos.
Sigamos nuestro camino de cuaresma queriendo sintonizar con el amor de Dios que se nos manifiesta tan palpablemente en Jesús. Toda su vida es un signo del amor que Dios nos tiene. Entremos, pues, en esa sintonía de Dios para escucharle, para vivirle, para que haya verdadera pascua en nuestra vida, porque haya paso de Dios por nuestra vida con su amor y así  nos sintamos verdaderamente transformados. Aprenderemos así a mirar con ojos distintos a cuantos nos rodean y la vida misma.


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